Antes de que el Sol fuera lo que conocemos y antes de que la Luna fuera la que conocemos.
Existían dos amantes, Suem y Lera, que compartían la Tierra, lugar en el que solo vivían ellos el uno para el otro, no tenían necesidad de alimentarse porque el otro le brindaba la suficiente energía para existir, no necesitaban dormir pues descansaban en el ser del otro; hasta que tuvieron una gran discusión, Suem quiso ir más allá, la Tierra no le bastaba y le pedía a Lera explorar otros mundos, otros tiempos; Lera, por su parte, temía la realización de tal travesía, de perder a su amado Suem, y lo que ella obtenía en la Tierra era lo que necesitaba, él era lo que necesitaba y rechazaba su ambición. Suem decidió partir con el dolor en todo su ser a explorar el universo, Lera decidió permanecer por el lugar que amaba por haber compartido, los dos se prometieron cuidar, respetar y apreciar su amor, dándole vida a la Tierra, dando su vida por ello, todos los recuerdos, y todo lo que un día fueron.
Suem se fue y la travesía lo hizo grande, irradiando luz con todas sus fuerzas hacia la Tierra, mientras que Lera le daba a la Tierra esa tranquilidad y esa esperanza de luz, tomando toda la luz que puede de Suem para brindárselo a la Tierra y cuidarla en su oscuridad.
Así, cada amanecer y cada atardecer, Suem y Lera hacen el amor, para luego tomar turno y esperarse nuevamente coincidir en el horizonte.
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